Ralph Baer y la primera consola de videojuegos de la historia del gaming

Cualquiera que se interese aunque sea un poco por el gaming debería conocer a Ralph Baer, un inventor excepcional y uno de los pioneros más importantes de la industria de los videojuegos.
Baer es un hombre legendario, con una biografía tan rica como el mundo de Red Dead Redemption 2. La parte que nos interesa comienza en 1966. Fue entonces cuando Baer decidió poner en práctica una idea que resultó ser la primera consola de la historia.
A Baer le rondaba la idea de conectar el televisor con un dispositivo capaz de mostrar videojuegos en él. Su plan le parecía tan seguro y evidente que casi de inmediato se puso manos a la obra.
En menos de dos años logró su objetivo y el mundo vio la primera consola de videojuegos, a la que Baer llamó Brown Box. El aparato permitía jugar a varios títulos deportivos, entre ellos voleibol y tenis de mesa. ¡Y todo eso en tu propio televisor!
Baer vendió rápidamente la patente a la empresa Magnavox, lo que dio lugar a la producción en masa de la consola Magnavox Odyssey, que se vendió durante el primer año en casi 100 mil unidades.
Sin embargo, el éxito no duró mucho, ya que las ventas de la consola caían sin parar. La dirección de Magnavox decidió entonces invertir dinero en un marketing mejor y más eficaz. Se gastaron un montón de dinero, contrataron al mismísimo Frank Sinatra y… nada. Las ventas se quedaron estancadas.
Hoy en día se considera que la causa fue el hecho de que la consola se anunciaba como un producto indisolublemente ligado a los televisores de la marca Magnavox. Ya sabéis, los consumidores entendían el mensaje con claridad: si no tengo un televisor Magnavox, su consola no me funcionará, así que paso de comprarla. Parece un simple error de marketing, pero golpeó con fuerza la estabilidad financiera de Magnavox.
Baer, no obstante, no tenía intención de rendirse. La patente fue a parar a la empresa Coleco, que creó su propia versión de la consola: la Coleco Telstar. Por desgracia, no cumplía los requisitos de la Comisión Federal de Comunicaciones, por lo que no podía salir a la venta. Los problemas de Coleco los resolvió el propio Baer y, en cuanto la consola llegó al mercado… ¡empezó a venderse a un ritmo vertiginoso! Solo en 1976 se vendió en un millón de unidades, lo que supuso un éxito enorme.