¿Qué seré en el futuro? Cómo ayudar a tu hijo a elegir una profesión

Elegir una profesión es un reto enormemente difícil. La primera decisión de futuro la toma el niño ya en los últimos cursos de la educación obligatoria, y la siguiente justo después del bachillerato. A menudo, incluso en el umbral de la edad adulta, el joven no sabe del todo qué le gustaría hacer en la vida ni por qué guiarse al elegir su trayectoria profesional. ¿Elegir un sector bien remunerado y próspero? ¿O tal vez dejar de lado las tendencias del momento y desarrollarse en el ámbito de sus propias pasiones, hacer aquello que le aporta alegría y satisfacción? Una cosa es segura: ¡en esta difícil decisión el apoyo de los padres es clave!
¿Qué seré de mayor?
¡Esta pregunta acompaña al niño desde sus primeros años! Al fin y al cabo, todo pequeño quisiera ser ya mayor. Por supuesto, las primeras «decisiones» se toman de forma muy cambiante. Un día el niño afirma con seguridad que en el futuro será deportista. Unos días después responde con la misma seguridad en la voz que será médico. Al cabo de unos meses ya se puede hacer toda una lista de profesiones que han sido descartadas casi tan rápido como fueron elegidas. Es algo completamente normal: la personalidad del joven se forma poco a poco, y la conciencia del propio «yo», de los puntos fuertes y débiles, llega mucho más tarde, a menudo solo en la vida adulta.
Las primeras decisiones profesionales importantes del joven
El niño toma la primera decisión relacionada con su futuro al final de la educación primaria. Es entonces cuando decide qué tipo de formación seguir a continuación. ¿Bachillerato, formación profesional o una escuela técnica? Con 13-14 años el niño tiene que elegir el ámbito de su futura especialización o el itinerario académico que cursará durante los próximos años.
Los alumnos de las escuelas de formación profesional lo tienen algo más fácil. Durante varios años aprenden los secretos de la profesión elegida y ponen a prueba sus conocimientos y habilidades en un examen profesional. Ya cuentan con las cualificaciones y competencias necesarias para incorporarse a un empleo remunerado, aunque, por supuesto, todavía pueden seguir formándose en los estudios que escojan. Los estudiantes de bachillerato deben además elegir una carrera universitaria (o una escuela de formación profesional superior), y esa es otra decisión vital importante.
¿Cómo apoyar al niño en la elección de una profesión?
Los padres deberían pensar en el futuro de su hijo desde los primeros años de vida. Y en el momento de la elección (tanto de la enseñanza posobligatoria como de la universidad) deben darle al joven un punto de apoyo, ayudarle a disipar dudas, señalarle las ventajas y los inconvenientes de cada opción y aconsejarle con sensatez. ¿Qué actitud deberían adoptar los padres con sus hijos? ¿De qué manera apoyar la decisión profesional del niño?
Las propias ambiciones, a un lado
Es natural que los padres quieran lo mejor para su hijo. Sueñan con que tenga un puesto bien pagado y lucrativo, con que ascienda rápido en su carrera. Por desgracia, es fácil dejarse llevar por las buenas intenciones y, en lugar de aconsejar, empezar a imponer la propia opinión. El hecho de que el niño no repita los sueños de sus padres y no llegue a ser médico, abogado o ingeniero no significa que los padres hayan cometido errores en la crianza. Todo lo contrario: una elección propia y mantenerse firme en ella significa que el joven es consciente, ambicioso, responsable y que quiere tomar las riendas de su vida.
¿El dinero no da la felicidad?
¿Debería ser el nivel salarial de una profesión el criterio clave a la hora de elegirla? Todo padre desea que su hijo gane bien en el futuro. Que no tenga que preocuparse «por sobrevivir» ni renunciar a sus gustos. Que, en lugar de en el dinero, pueda centrarse en la familia, las relaciones y la realización de sus propios sueños. Por desgracia, los salarios en las distintas profesiones son muy dispares. ¿Y qué pasa si el joven quisiera ser, por ejemplo, profesor? ¿Desaconsejarlo rotundamente? Conviene sobre todo reflexionar sobre cómo podría combinar su pasión y su vocación y, al mismo tiempo, ganar más que el sueldo estándar de ese puesto.
No lo sé mejor
Es cierto que los padres conocen el mercado laboral mejor que sus hijos, que tienen más conocimiento de la vida profesional y años de experiencia. Sin embargo, eso no es motivo para tratar de salirse con la suya e imponer al niño su decisión. Nadie sabe mejor qué tiene en la cabeza un joven que está creciendo, qué lo impulsa hacia adelante, en qué quiere realizarse, que él mismo. Debería ser una decisión propia del niño; al fin y al cabo, está en juego su futuro. Si la elección resulta equivocada, será precisamente el joven quien tendrá que aceptar y corregir sus errores de vida, no sus padres.
Alegría, satisfacción, realización
En el trabajo se pasa la mayor parte de la vida. Si no gusta, uno puede quemarse profesionalmente muy rápido. Un trabajo que no aporta placer, alegría ni satisfacción empeora la calidad de vida. Conduce rápidamente a la irritación, las emociones negativas, la sensación de desesperanza y el desánimo.
Por eso, ante la pregunta del niño: «¿Qué profesión debería elegir?», los padres deberían responder en primer lugar: «Una que te aporte alegría y satisfacción, en la que te sientas bien».
¿Cómo ayudar al niño a elegir su carrera profesional?
Los padres deberían pensar en la futura elección profesional de su hijo ya desde los primeros años de vida. Hay profesiones a las que los jóvenes deben dedicar su infancia, como las de deportista, bailarín o músico. Y aunque en la vida adulta siempre se puede cambiar de sector y cualificarse en una profesión completamente distinta, conviene proponer al niño desde los primeros años distintas trayectorias profesionales y desarrollar sus conocimientos y habilidades en una determinada dirección. ¡Esas competencias, al fin y al cabo, serán útiles también cuando el joven decida tomar un camino completamente diferente!
Observar desde los primeros años
Cada persona tiene talentos y predisposiciones naturales en alguna dirección. Ya en niños de pocos años se manifiestan durante el juego diario, al realizar distintas actividades rutinarias. Esto no solo afecta a habilidades concretas (por ejemplo, capacidades manuales o artísticas por encima de la media), sino también a rasgos de carácter y a las llamadas competencias blandas (por ejemplo, capacidad de organización, una creatividad excepcional). El padre que conoce a su hijo puede ayudarle a desarrollar sus puntos fuertes y a trabajar los débiles, proponiéndole, por ejemplo, juegos o actividades extraescolares orientadas a algún aspecto concreto.
Proponer distintas actividades extraescolares
A menudo ocurre que el niño no cultiva su propia afición. Aparentemente acude, por ejemplo, a clases de piano, pero no se aplica en los ejercicios. Una semana más tarde insiste en apuntarse a un curso de equitación. Sin embargo, los padres temen que tampoco salga bien. ¡Es algo natural! Lo que en un momento le parece apasionante al niño puede dejar de engancharle al cabo de unos días.
No se puede encontrar una afición o una pasión sin probar distintas cosas. Por eso es tan importante procurar que el niño ponga a prueba sus capacidades en diferentes actividades. Y aunque desde el punto de vista de los padres pueda resultar frustrante, hay que permitir al niño abandonar una actividad y empezar algo nuevo. Por supuesto, conviene animarle a continuar con la aventura, pero nada a la fuerza.
Ayudar a descubrir los puntos fuertes y débiles
La conciencia del propio «yo» y de los rasgos del carácter es un conocimiento que a menudo llega solo en la vida adulta. Los padres, al mirar al niño desde fuera, con perspectiva, pueden ayudarle a descubrir su interior. «¿Quién soy? ¿En qué soy bueno? ¿En qué podría destacar? ¿En qué tengo que esforzarme?». Por supuesto, es importante elogiar y asegurar al niño que es mejor tal como es, que sus rasgos negativos no son algo malo, que sencillamente vale la pena trabajarlos para convertirse, día a día, en una persona cada vez mejor.
Ayudar a conocer el mercado laboral
La estructura del mercado laboral, los requisitos de un determinado puesto, las obligaciones, la responsabilidad, el nivel salarial, las particularidades de las empresas, las posibles trayectorias de desarrollo: los niños, por lo general, no saben qué les espera exactamente en una profesión determinada. Los padres, al ser más experimentados, deberían ayudar al niño a obtener la información más importante que le permita tomar la mejor decisión para sí mismo.
Ejemplo: ¿cómo llegar a ser programador de videojuegos?
El niño no tiene por qué soñar con ser programador; hasta cierta edad puede que ni siquiera sepa que existe esa profesión. Sin embargo, si se siente atraído por las nuevas tecnologías, le gusta estar en contacto con ellas y siente curiosidad por cómo funcionan, sin duda merece la pena pensar en perfeccionar sus competencias digitales desde los primeros años. ¿Y si la afición del niño son los videojuegos? ¡Qué pequeño jugador no querría crear su propio juego! Es una diversión estupenda durante la cual dará sus primeros pasos en la carrera de la programación.
Perfeccionar las competencias que necesita un programador
En el transcurso de su trabajo, el programador emplea toda una serie de competencias diferentes. Debe combinar el pensamiento creativo con el pensamiento lógico y de causa y efecto. A diario analiza problemas, diseña, prueba e implementa soluciones, aprendiendo de sus propios errores. Por eso conviene proponer al niño desde los primeros años aquellas actividades y juegos que profundicen en esas competencias.
Curso de programación con Coding Giants
También vale la pena apuntar al niño a actividades extraescolares, por ejemplo, a un curso de programación con Coding Giants. De este modo, el niño no solo adquirirá conocimientos y competencias, sino que convertirá sus intereses en una afición. En el futuro podrá realizar sus pasiones a través de su trabajo y se convertirá en una persona realmente feliz. E incluso si abandona la programación, seguirá pudiendo aprovechar de distintas maneras los conocimientos y habilidades adquiridos.
FAQ:
¿Cómo ayudar al niño a elegir una profesión?
Observar desde los primeros años sus puntos fuertes y débiles, sus intereses y sus talentos. Proponerle distintas formas de pasar el tiempo libre, apuntarle a actividades adicionales para que pueda adquirir diversas experiencias. Ayudarle a ordenar la información sobre el mercado laboral y las profesiones concretas. Permitirle cometer errores y decidir por sí mismo sobre su propia vida.
¿Merece la pena formar al niño en una dirección concreta?
Por supuesto, siempre que sea acorde con sus intereses y que el propio joven quiera desarrollarse en ella. Por ejemplo, si al niño le gustan las nuevas tecnologías y los videojuegos y no se separaría del ordenador, conviene pensar en actividades de programación y combinar lo útil con lo agradable.
¿Cómo llegar a ser programador?
A menudo, ya en la educación primaria se va perfilando el sueño de ser programador. Si el niño empieza a esa edad a aprender y a poner a prueba sus habilidades, ya en el umbral de la edad adulta podrá empezar a ganar dinero con ellas. Lo importante es convertir ese interés en una pasión. Conviene, por ejemplo, apuntar al niño a un curso de programación con Coding Giants, durante el cual aprenderá en un ambiente agradable y divertido, con el apoyo individual de un profesor-mentor.