Los errores de programación más aterradores de la historia

El primer lenguaje de programación se escribió ya en los años 50 del siglo XX. Con el tiempo fueron apareciendo entornos de programación cada vez más avanzados que permitieron despegar a nuevas tecnologías. De no ser por ellos, no habríamos partido a la conquista del espacio y hoy no tendríamos acceso a Internet. Por otro lado, un código mal escrito fue la causa de muchas catástrofes informáticas. ¡Te invitamos a leer!
El efecto 2000, o el apocalipsis total
Poca gente lo sabe, pero la programación está ligada a una serie de historias realmente tenebrosas. Entre ellas merece la pena mencionar el llamado Y2K, es decir, el problema del año 2000. Se trataba aquí de los efectos potencialmente catastróficos que iba a provocar el comienzo del nuevo milenio. Estaba relacionado con la forma de almacenar la fecha en los programas informáticos, que se había adoptado varias décadas antes.
En resumen, los antiguos programas informáticos (para ahorrar memoria) no eran capaces de almacenar demasiada información. Por eso se decidió que el año se guardaría únicamente con las dos últimas cifras. Sin embargo, no se previó que las sucesivas versiones de los programas estarían en uso durante tanto tiempo. Se temía entonces que, con la llegada del año 2000, la mayoría del software simplemente dejaría de funcionar. Al final, no obstante, solo surgieron problemas de alcance local, y la innecesaria y precipitada actualización de las aplicaciones costó a los distintos sectores varios cientos de miles de millones de dólares.
Therac-25: un horror de verdad
Un error en el código de las máquinas usadas para la radioterapia provocó en los años 80 del siglo XX un pánico generalizado. Resultó entonces que el Therac-25, una de esas máquinas, tenía en su software varios errores graves. Como consecuencia, administraba a los pacientes dosis incorrectas de radiación, lo que dio lugar a una cadena de sucesos trágicos. Curiosamente, aquellos acontecimientos se utilizan hasta hoy en estudios sobre la fiabilidad del software y sobre en qué medida debería estar controlado por el ser humano.
Mariner 1: el error que costó miles de millones de dólares
La humanidad siempre soñó con la conquista del espacio. No sorprendía, por tanto, que cuando la tecnología alcanzó el nivel adecuado, la NASA emprendiera un intento de estudiar Venus. Con ese fin (en 1962) se construyó el cohete especial Mariner 1, que costó casi 20 millones de dólares (en aquella época era una cantidad descomunal). Debía recoger información valiosa sobre el nuevo planeta y, en caso necesario, autodestruirse. Por desgracia, la misión terminó en fracaso debido a un sencillo error de programación.
Poco después del despegue, el Mariner 1 se desvió del rumbo previsto. El cohete no respondía a ninguna orden y, en consecuencia, tuvo que ser destruido. Solo al cabo de un tiempo se descubrió que en el código faltaba un pequeño guion, lo que provocó un error en toda la ecuación y desestabilizó el vuelo del cohete. Más tarde, los medios bautizaron aquel desafortunado fallo como «el guion más caro de la historia».
El error que desató el apocalipsis zombi
Esta es, en contra de lo que pueda parecer, una historia bastante divertida. En 2003, un error de programación provocó la muerte ficticia de casi 9000 personas. El suceso tuvo lugar en cierto hospital del estado de Míchigan, en EE. UU. Resultó entonces que, debido a un fallo en el software, el sistema del hospital empezó a enviar a sus pacientes notificaciones falsas sobre su propio fallecimiento. Dicha información se comunicó también a sus familias, lo que causó un revuelo considerable. Al final, sin embargo, nadie murió y todo acabó bien.
¡La programación no asusta a un programador!
Los errores de programación ocurren casi a diario. La mayoría son inofensivos, como por ejemplo el famoso error del videojuego World of Warcraft, donde un virus mataba a los personajes de los jugadores en todos los servidores. Otros (¡por desgracia!) pueden acarrear consecuencias graves. Por eso, en el trabajo de un programador son tan importantes la precisión, la atención, la paciencia y la capacidad de afrontar los fracasos. No hay en el mundo, al fin y al cabo, ningún programador que no cometa errores; lo importante, sin embargo, es saber extraer de ellos las conclusiones adecuadas y ampliar sin cesar los propios conocimientos.
