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Ejercicios de concentración: ¿cómo mejorar la concentración del niño?

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Ejercicios de concentración para niños

La capacidad de concentración es clave para la educación y el desarrollo, e incluso imprescindible en la vida cotidiana. ¡Es la base del funcionamiento eficaz del cerebro! Hoy en día, la cantidad de estímulos y mensajes que asimilamos supera la capacidad cognitiva de la mente de una persona adulta, y ya no digamos la de un niño de pocos años. ¡Cada vez nos cuesta más concentrarnos! Por eso hay que cuidar esta habilidad: entrenarla cada día. ¡A continuación, algunas propuestas de ejercicios de concentración para niños en forma de juegos diarios!

¿En qué consisten los ejercicios de concentración?

Los ejercicios de concentración consisten en centrar toda la atención en una tarea concreta: cuidar la motivación, implicar la mente, mantenerse resistente a todos los «distractores» y ¡cumplir el objetivo!

Los ejercicios de concentración para niños deben tener, naturalmente, forma de juego, diversión o reto. Hay que tener en cuenta las capacidades individuales del niño (su nivel de desarrollo y su ritmo de aprendizaje) y sus intereses.

Ejercicios de concentración para los más pequeños

La capacidad de concentración se puede ejercitar desde los primeros meses de vida: jugando con tarjetas de contraste, juguetes manipulativos y todos aquellos que captan la atención. Conviene fijarse en lo que de forma natural despierta el interés del niño: distintas texturas, elementos que crujen, que giran, que brillan, etc. ¡A un niño de pocos años ya se le puede animar a juegos más exigentes!

Juegos sensoriales y de «programación»

Los recorridos sensoriales, los circuitos de obstáculos, los laberintos: son propuestas de juego que enganchan, porque consisten en… ¡descubrir! Se pueden crear y aprovechar de muchas maneras, y una idea interesante es incorporar al juego el aprendizaje de la «programación».

¿De qué manera se puede «programar» el paso por un circuito o la salida de un laberinto? El pequeño tendrá que pensar un poco y concentrarse en dar las instrucciones adecuadas. Estos juegos agudizan la atención,  entrenan la capacidad de pensamiento lógico y desarrollan la imaginación (sobre todo cuando los organizamos a modo de reto).

Memoria, puzles, rompecabezas y robótica

También conviene aprovechar los juguetes educativos y los recursos didácticos adaptados a la edad del niño. 

Pueden ser juguetes para aprender programación, por ejemplo robots: el niño se centrará de forma natural en la tarea, porque querrá «enseñar» al juguete a cantar o a realizar determinados movimientos. La concentración también mejora con distintos tipos de juegos de lógica y de memoria, así como con los rompecabezas. Montar puzles, jugar a la «memoria» o buscar las diferencias en imágenes requieren atención, que se ve recompensada rápidamente con… ¡la satisfacción!

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«¿Dónde está escondido?»

Es un juego clásico cuyo nivel se puede aumentar a medida que el niño crece. Solo hay que preparar un objeto pequeño y unos cuantos vasos.

Escondemos el objeto en uno de los vasos y los mezclamos entre sí. La tarea del niño es observar todo el proceso, seguir con la mirada el vaso en el que se ha escondido el objeto y, a continuación, señalarlo en la nueva configuración. 

Ejercicios de concentración para niños en edad escolar

Todos los ejercicios de concentración indicados arriba se pueden modificar, adaptándolos a un niño en edad escolar. Además, ¡merece la pena aprovechar algunas otras propuestas!  

Dibujar con ambas manos y hacer malabares

Dibujar o escribir con ambas manos y hacer malabares son ejercicios que se utilizan con frecuencia para el llamado entrenamiento cerebral (¡también en adultos!), porque, además de la propia capacidad de concentración, desarrollan la percepción visual (por ejemplo, la visión periférica), la conciencia corporal y la coordinación visomotora.

Dibujar con ambas manos consiste en implicar las dos manos para esbozar la misma imagen: la mano izquierda dibuja la parte izquierda y la derecha, la derecha. Para facilitarlo, se puede imprimir el lado izquierdo de la ilustración, de modo que la mano izquierda solo recorra los contornos mientras la derecha dibuja al mismo tiempo según una imagen reflejada (en el caso de un niño zurdo, al revés). Los malabares también hay que enfocarlos «de forma progresiva»: al principio bastan dos pelotas y, después, se pueden ir añadiendo más.

Juegos «de detectives», es decir, preguntas y respuestas

De la mano de la concentración van la curiosidad y la perspicacia, por eso conviene proponer al niño que se meta en el papel de detective!

Este juego puede adoptar distintas formas. Una de ellas consiste en mostrar al niño una foto o una imagen y hacerle unas cuantas preguntas (por ejemplo: «¿cuántas personas hay en la imagen?», «¿qué hace la persona de la imagen?», «¿de qué color tiene los ojos?»). El niño dispone de un tiempo para familiarizarse con la imagen (por ejemplo, un minuto) y responde a las preguntas. La tarea del pequeño también puede ser formular el mayor número posible de preguntas sobre una ilustración dada.

Programación de videojuegos

También conviene escuchar los intereses del niño y proponerle una actividad que responda a ellos y que, al mismo tiempo, desarrolle la concentración y otras habilidades (pensamiento lógico, creatividad, resolución de problemas). Una de esas actividades es la programación de videojuegos, a la que los jóvenes pueden dedicarse ya desde los primeros cursos de primaria.

Al programar, para lograr el éxito —en este caso, crear un videojuego que funcione, algo con lo que sueñan muchos niños— hay que estar concentrado y ser resistente a las distracciones. Es un camino natural hacia la mejora de la concentración que, además, «engancha»: la visión del éxito es más fuerte que el fantasma del fracaso o de las dificultades para concentrarse y, con el apoyo de los profesores de Coding Giants, ¡se pueden superar rápidamente! 

¿Son necesarios los ejercicios de concentración?

Merece la pena ejercitar la capacidad de concentración independientemente de que el niño sepa concentrarse o tenga algún problema en este terreno. Para los padres, un motivo para empezar este tipo de ejercicios deberían ser sobre todo las situaciones en las que el niño:

  • se desanima con rapidez: no es capaz de ocuparse de algo durante mucho tiempo, se aburre y se cansa enseguida, no quiere continuar con los juegos y las tareas;
  • trabaja despacio: mucho más despacio de lo que requiere una actividad o tarea concreta, no puede realizarla «de una vez», necesita hacer pausas;
  • está despistado: aunque aborda la tarea e intenta realizarla lo más rápido posible, lo hace a costa de numerosos errores que no advierte;
  • está distraído: da la impresión de estar pensativo, ensimismado, su hilo de pensamiento se desvía a cada momento del marcado para la tarea concreta.

Por supuesto, hay que recordar que a todos nos pasa que la concentración baja en algún momento. Además, la capacidad de concentración aumenta con la edad:  no se le puede exigir a un niño de tres años que mantenga la atención durante más de 15 minutos. Solo a partir de los 10 años el tiempo de concentración aumenta hasta los 45-55 minutos. ¡Y siempre los más productivos son únicamente los primeros minutos!

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¿Por qué merece la pena ejercitar la capacidad de concentración?

La concentración es una habilidad que se utiliza cada día: sin ella, la vida sería difícil, llena de frustración y estrés. La concentración es garantía de éxito en casi cualquier tarea: es la que permite aprovechar el potencial del cerebro, aumentar la eficacia del pensamiento y de la memoria. Esta habilidad es necesaria para el aprendizaje y el desarrollo intelectual y, en algunas profesiones, incluso determina un trabajo eficaz, por ejemplo en el puesto de programador, analista o científico.

FAQ:

¿En qué consisten los ejercicios de concentración?

En «forzar» la concentración aportando motivación para lograr un objetivo o tarea concretos, por ejemplo durante un juego o una partida de «juegos de mesa».

¿Cuándo proponer al niño un ejercicio de concentración?

Sobre todo cuando los padres observen que el niño está distraído y no consigue concentrarse. Sin embargo, ¡aunque el niño esté concentrado, sigue mereciendo la pena ejercitar esta habilidad!

¿De qué provienen los problemas de concentración?

Suele ser un mal día, malestar, «distractores» (por ejemplo, la televisión encendida de fondo), a veces problemas en la familia o en el grupo de iguales, falta de motivación, demasiado poco movimiento o un déficit de nutrientes importantes.