Breve historia de la inteligencia artificial

Poca gente lo sabe, pero el término «inteligencia artificial» se acuñó ya en la década de 1950. En aquel entonces, sin embargo, toda la investigación sobre la IA se centraba más bien en la resolución de problemas y en el llamado cálculo simbólico. En la década de 1960, el Departamento de Defensa de EE. UU. se interesó por las soluciones en el ámbito de la IA y encargó trabajos para crear sistemas capaces de imitar el razonamiento humano, al menos en un grado básico. Y eso no era más que el principio…
A modo de introducción
Con el paso del tiempo, la IA fue encontrando aplicaciones cada vez más amplias, algo posible gracias al desarrollo de nuevas tecnologías y, de la mano, a algoritmos avanzados, una mayor potencia de cálculo y mayor capacidad de almacenamiento. Un ejemplo interesante de una de las primeras soluciones relacionadas con la IA fue un proyecto de mapeo de calles, creado por encargo de DARPA, es decir, la Agencia de Proyectos de Investigación Avanzada de Defensa, ya en la década de 1970.
Pero eso no es todo. Los primeros asistentes inteligentes se desarrollaron ya en 2003, es decir, muchos años antes de que llegaran al mercado herramientas tan avanzadas como Siri o Alexa. No obstante, los orígenes de la IA se remontan a la década de 1950 y están vinculados a un científico excepcional: Alan Turing, que contribuyó a descifrar la máquina alemana Enigma durante la Segunda Guerra Mundial.
La IA tiene ya varias décadas
Alan Turing es sin duda una de las figuras más importantes de la primera mitad del siglo XX. Se le considera el padre de la inteligencia artificial, y no es de extrañar: precisamente a él se le atribuye el descifrado de la Enigma alemana, lo que contribuyó a que la Segunda Guerra Mundial terminara mucho antes.
Alan planteaba a menudo preguntas que iban más allá de lo que la ciencia de la época podía investigar. Entre ellas estaban las relacionadas con la posibilidad de crear una conciencia artificial basada en el razonamiento humano. En la década de 1950 desarrolló un método especial llamado Imitation Game, es decir, el conocido test de Turing.
En la prueba participaban una máquina, una persona y un participante externo. Este último tenía la tarea de distinguir las respuestas dadas por la máquina de las dadas por la persona.
Si no era capaz de distinguirlas, el resultado del experimento debía considerarse positivo. Cabe añadir, sin embargo, que durante varias décadas ningún programa informático basado en IA logró superar el test de forma inequívoca.

Así era Alan Turing, el padre de la inteligencia artificial
El establecimiento de la definición de inteligencia artificial
En 1956 se organizó una conferencia especial, la Conferencia de Dartmouth, en la que participaron numerosos científicos de talla mundial. Allí se estableció que la inteligencia artificial es: «un sistema capaz de percibir conscientemente su entorno y de reaccionar ante él de manera que maximice las posibilidades de éxito».
Fue precisamente durante esta conferencia cuando surgió también la tesis de que existe la posibilidad de reproducir el funcionamiento de la inteligencia humana en un sistema simulado por máquinas. Como resultado, la IA empezó a nutrirse a manos llenas de las matemáticas, la literatura, la psicología, la robótica, la medicina y mucho más, y cuando ya hubo reunido suficientes datos, comenzó la verdadera revolución tecnológica.
Las máquinas pensantes no son ciencia ficción
Ya en la década de 1960 surgieron las primeras máquinas con las que se podía conversar. Por ejemplo, en 1966 se creó ELIZA, la primera psicoterapeuta virtual de la historia, que procesaba el lenguaje natural para poder mantener conversaciones con personas. En la práctica, era, por tanto, la antecesora de los chatbots actuales. ELIZA era capaz de reconocer palabras clave y, a continuación, generar respuestas adecuadas a las preguntas. En la década de 1970 llegó al mercado otro chatbot, PARRY, y en la de 1990, Racter.

Así era una conversación de ejemplo con ELIZA | Fuente: Wikipedia
Sin embargo, esto no es más que la punta del iceberg en lo que respecta a lo que conocemos sobre todo por las películas futuristas. Ya en 1973 se diseñó MYCIN, un avanzado sistema de diagnóstico médico que aconsejaba cuál sería la mejor forma de tratar una infección bacteriana. Hoy en día se crean herramientas de IA mucho más sofisticadas, capaces de detectar con precisión incluso lesiones cancerosas.
¿Qué pasó después?
En la segunda mitad de la década de 1970 se observó un fenómeno que más tarde se denominó «el invierno de la inteligencia artificial». Se trataba de que las inversiones en IA no daban los resultados esperados. Al final, muchos inversores decidieron retirar sus fondos de este sector, pero por suerte solo fue una pausa pasajera. Pronto se advirtió el potencial de los programas capaces de ejecutar y automatizar determinadas tareas definidas.
Entonces se empezó a abandonar el uso de reglas en favor del aprendizaje automático, que se acercaba más al funcionamiento de la mente humana. La IA empezó a utilizarse en la contabilidad, el marketing, los recursos humanos, la atención al cliente, las ventas, la selección de personal y mucho más. Uno de los puntos de inflexión fue el momento en que la IA derrotó al jugar al ajedrez al gran maestro de ajedrez, el célebre Kaspárov. Fue el primer triunfo tan significativo de la inteligencia artificial sobre el ser humano, lo que se tradujo en una intensificación de la investigación y en nuevas inversiones.
En 2016, la IA logró vencer al campeón del mundo en el juego del go, que se considera comúnmente el juego de lógica más difícil que se haya creado jamás. En 2017, por su parte, se informó del debut del robot XiaoYi, una máquina que fue la primera del mundo en aprobar un examen de medicina, tras haber estudiado previamente con los materiales que utilizan los estudiantes de medicina.
Es más, ya en 2015 nació Sophia, el primer robot humanoide del mundo dotado de inteligencia artificial. Sophia es capaz no solo de aprender, sino también de adaptarse a los comportamientos humanos. Este robot concedió entrevistas por su cuenta por todo el mundo y, en 2017, se convirtió en ciudadana de Arabia Saudí, siendo a la vez la primera máquina de la historia en recibir la ciudadanía.

El robot Sophia durante una entrevista | Fuente: United Nations
La IA está en todas partes, y esto no es más que el principio
Durante décadas, los vehículos autónomos fueron solo un producto de la imaginación humana. Hoy son ya todo un estándar. Todos los grandes fabricantes de automóviles del mundo utilizan soluciones de este tipo. Pero eso no es todo, porque en 2018 debutó en el mercado el primer taxi autónomo.
Todo apunta a que, en los próximos años, la IA se convertirá en un elemento imprescindible de nuestra realidad a una escala aún mayor. Ya se está trabajando en el metaverso, que también utiliza la inteligencia artificial. Las soluciones de este tipo se aplican en el ejército, la medicina, la industria, la educación, el entretenimiento, la automoción…
